jueves, 8 de noviembre de 2018

Principio de Confiar en Dios


Según la RAE, la confianza es esperanza firme que se tiene de alguien o algo. 

Confiar en Dios significa descansar en Él, creer en lo que es capaz de hacer; ver el futuro con esperanza, sentirse seguros con el, creer en lo que no vemos, esperar que las oportunidades se presenten, que termine bien lo que ahora va muy mal. Confiar en Dios nos da la seguridad de que todo estará bien; es ver lo que nuestros ojos físicos no ven. 

Más allá de lo que nuestra mente quiere hacernos pensar, es escuchar la voz divina que nos asegura que todo estará bien. Dios siempre ha tenido cuidado de los seres humanos.
  • Confianza:
“Confía en tu dinero y te hundirás; confía en Dios y florecerás como un árbol” 

Se trata de una creencia que estima que una persona será capaz de actuar de una 
cierta manera frente a una determinada situación. La confianza supone una suspensión, 
al menos temporal, de la incertidumbre respecto a las acciones de los demás. 
Cuando alguien confía en el otro, cree que puede predecir sus acciones y comportamientos. 

Sin confiar en Dios y sin establecer normas éticas y morales correctas, 
nuestro dinero pasará a través de los bolsillos como si tuviera agujeros.
  • Dirección:
“Ya que el Señor dirige nuestros pasos, ¿por qué tratar de comprender cuanto ocurre en el camino?” 

Se considera como dar consejos, enseñanzas o normas para encaminar una actividad. 
Aquel elemento de la administración donde se logra la realización efectiva de todo 
lo planeado, por medio de la autoridad del administrador, ejercida a base de decisiones, 
ya sea tomadas directamente o delegando dicha autoridad. 

Dios tiene muchas cosas buenas para nosotros, como la vida, 
la libertad y la prosperidad, si lo dejamos dirigir nuestros pasos.
  • Sabiduría:
“Nadie, por astuto o entendido que sea puede enfrentarse al Señor” 
Hace referencia el nivel más elevado del conocimiento. 
Quien posee sabiduría dispone de saber y de un entendimiento 
profundo sobre algún tema. No nos engañemos: Dios sabe lo 
que decimos y hacemos y, tarde o temprano, Él pondrá todo 
como debe ser sin importar qué tan sagaces seamos o qué tan 
bien aconsejados creamos estar.
  • Obediencia:
“Hijo mío, obedece el mandamiento de tu padre 
y no abandones la enseñanza de tu madre”.
 
Es decir, respetar, acatar, y cumplir la voluntad 
de la autoridad o de quien manda. Es un valor 
cuando quien la exige lo hace con responsabilidad 
y para beneficio común, pero no cuando se imponen 
órdenes desmesuradas y sin otro motivo que satisfacer 
los caprichos o intereses de quien emanan.

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